Oscar A. Mele – Leída en oportunidad de finalizar su mandato 2013- 2015 como Presidente de AMEJU (Asociación de Médicos Jubilados de la Provincia de Buenos Aires).
La interpretación del voluntariado es amplia y muy interesante. Ser voluntario es mostrar una faceta muy rica de la personalidad; es como «hacerla pública» sin que lo hayamos programado; se demuestra simplemente en nuestras acciones en grupos de trabajo.
Constituye uno de los Valores mas preciados del ser humano pues habla de su perfil solidario y equitativo. Pone mucho de si para el beneficio de sus semejantes.
Es común descubrir personas voluntarias que están desplegando una enorme actividad, sin conocer siquiera a los destinatarios de su rico aporte.
En nuestro caso, pertenecer a Ameju (Asociación de Médicos Jubilados de la Caja de Previsión y seguro médico de la Provincia de Buenos Aires) y trabajar en la estructura de nuestra institución, es un aporte voluntario de un alto grado de impacto. Siempre tratamos de divulgar que en Ameju no bregamos solo por el ajuste razonable y bien merecido de los Haberes Jubilatorios y Pensionarios. La idea de quienes fueron los iniciadores iba mucho más allá de ello. Había una intención subyacente que en definitiva llega a ser la faceta estrella de nuestra Organización, que es la de mejorar la calidad de vida de todos los componentes de la Familia Médica y muy especialmente la de los Adultos Mayores.
Todos, sin excepción, hemos leído y seguimos leyendo, temas ligados a cómo transitar esta hermosa etapa de la vida como adultos mayores. Hemos llegado, y eso ya de por sí es alentador y nos hace sentir agradecidos. Si revisamos el entorno inmediato y alejado de cada uno de nosotros, nos sentiremos felices por el privilegio de continuar disfrutando de una vida de buena calidad.
En lo que se refiere a la salud, la ciencia y la tecnología han sido y siguen siendo factores determinantes para que el hombre continúe viviendo más y mejor. Pero no dejemos de recordar los conocidos conceptos del Dr. Ramón Carrillo, Ministro de Salud de los años 40/50, cuando decía: «como origen de las enfermedades, los gérmenes son una pobre causa»; y sostenía que «la pobreza, el hacinamiento y la falta de educación, sumados a sus devastadoras angustias, son los verdaderos desencadenantes de las enfermedades».
Volviendo al seno de nuestra querida Ameju, quisiera hacer alguna reflexión acerca del liderazgo en ella como institución de voluntarios, partiendo de la base que en el voluntariado, todos somos pares, por lo que debemos bregar por el respeto mutuo y un alto grado de tolerancia. En el desempeño de las funciones con que nos honran nuestros pares y a las que dedicamos grandes esfuerzos con el objeto supremo de ser exitosos en esa gestión, debiéramos poner lo mejor de nosotros mismos para que no se altere el equilibrio y confort que deben dominar en el ámbito de las mesas de trabajo.
El respeto mutuo es propio de las personas con buen grado de formación. No olvidemos que en nuestras comunidades estamos ubicados en los estratos llamados de «formación superior», lo que nos obliga a un comportamiento moderado en todos los actos de nuestras vidas y muy especialmente cuando compartimos momentos de actividades en nuestros Centros o en la misma Ameju.
El bagaje acumulado durante nuestra vida personal, familiar y en la rica función social del ejercicio profesional, liderar nuestra institución debe ser tarea grata y esto asegurará el logro de los objetivos fijados. A diferencia de los líderes empresarios o políticos, el líder de grupos voluntarios despliega toda la fuerza e influencia de su función «solicitando» colaboración a sus pares, «sugiriendo» nuevas ideas, «compartiendo» distintas miradas de un tema puntual y «distinguiendo» con énfasis los éxitos logrados por cada uno de los amigos. O sea: evitando imposiciones y buscando el consenso general.
Como dijera Albert Schwaitzer: «El ejemplo no es lo mas importante…. es lo único». Continuemos ejerciéndolo.
