Desnutrición Infantil

Oscar A. Mele
oamele@intramed.net

Artículo personal basado en la presentación del Dr. Abel Albino en la Conferencia Presidencial de Rotary International 2008 desarrollada en Buenos Aires. Este distinguido médico pediatra mendocino, especialista en nutrición y Presidente de la Fundación CONIN (Cooperadora para la Nutrición Infantil) ha recibido distinciones en el mundo entero por la trascendencia de su obra orientada a la trascendencia de la nutrición de los niños.

Debemos centrar nuestras fuerzas en el tema educación, por todo lo que sabemos que ella significa, pero no olvidemos que la educación es una semilla que debe depositarse en un terreno fértil, y ese terreno es el cerebro humano, o sea que “el sustrato físico de la educación es el cerebro”. Desde el nacimiento de un niño hasta que cumple los dos años de vida es el período clave para el crecimiento y desarrollo de ese enigmático órgano. Para dicho proceso es clave que el niño reciba una buena alimentación y una temprana y continua estimulación. Si no se cumplen estas dos condiciones, se instala la llamada desnutrición infantil.

La desnutrición infantil puede ser Aguda (que mata al niño en los primeros meses de vida), como el Kwashior Kor (niño esquelético y panzón dado fundamentalmente por falta de ingesta de calorías o dieta hipocalórica) o el Marasmo (niño aparentemente rollizo, pero realmente edematoso grosero, dado por dieta hipoproteica); o Crónica, que es el niño aparentemente sano y armónico, pero con un retraso de desarrollo corporal e intelectual notable, ej.: niño que pesa 24 kilogramos y mide 1,25 metros.…. ¡ pero tiene 16 años de edad ¡.

Un cerebro normal tiene más o menos 140.000 millones de neuronas y cada una de ellas tiene unas 15.000 prolongaciones dendríticas, verdaderas extensiones de intercomunicación con las demás; entre ellas constituyen un complejísimo sistema de circuitos que son los responsables de nuestra capacidad para generar el pensamiento, fenómeno que nos distingue del resto de los animales. Además de esto, se sospecha con bastante certeza que las Células de la Glia (el componente celular cerebral que no son neuronas) son las responsables de la generación de los pensamientos más abstractos. En apoyo de esa sospecha está el fenómeno detectado con la autopsia de Albert Einstein y otros genios, que arrojaron un sobrepeso del cerebro del 25 % a expensas de ese tejido Glial.

El cerebro del desnutrido está dañado y dicho daño es irrecuperable por el resto de su vida. El cerebro constituye el capital humano más importante (la llamada materia gris de un pueblo). Si el capital humano de una sociedad está dañado, dicha sociedad no tiene futuro. “Hay que preservar el cerebro primero y educarlo después” reitera el Dr. Abel Albino. Si a ello le agregamos agua corriente y cloacas, en unos 30 años tendríamos un país desarrollado. La desnutrición infantil es un verdadero genocidio.

Chile logró superar la desnutrición infantil de la mano de un médico pediatra llamado Fernando Monqueber. Cuando comprendió la verdadera magnitud del significado de la desnutrición infantil viajó a Boston y en la Universidad de Harvard estudió Bioquímica Nutricional y luego Economía, y dentro de ella, específicamente la Mala Distribución de la Riqueza y el Subdesarrollo. Es así como fue convenciendo a los gobernantes de las medidas a tomar para eliminar ese verdadero flagelo social.
Todo ello nos demuestra que “en los hombres no faltan valores…faltan virtudes”. Es el intelecto el que está enfermo, y puso como ejemplo a un familiar judío que, llegado a la Argentina a los 11 años de edad, subsistió tocando violín en un cine de Buenos Aires; pero tenía raíces fuertes y cultura del trabajo bien definida, junto a las ansias de crecimiento propia de los inmigrantes; con todo ello llegó a hablar cinco idiomas y tocar cuatro instrumentos; estudió primario, luego el secundario y por fin la universidad, para desarrollar actividades diplomáticas hasta su muerte. Todo ello marca que la aptitud y la actitud se potencian, y llegan a lograr objetivos extraordinarios.

La nutrición y la educación, junto con la salud, una vivienda digna y la seguridad, “son responsabilidades del Estado”. Todos los habitantes del mundo debiéramos gozar de esas condiciones sin diferencias de nacionalidad, credos, ni color, pues todos somos hijos de Dios.

El deterioro progresivo que ha sufrido nuestro país, sigue siendo uno de los enigmas del mundo actual. Nos hemos degradado en tal medida que tenemos dramáticos liderazgos dentro del mundo en vías de desarrollo. Las condiciones infrahumanas en las que viven una franja muy significativa de nuestra población nos debería hacer sentir humillados. Los ranchos de madera, cartón o chapa, con sus techos de paja plagados de vinchucas, la falta de agua potable y sus letrinas (donde muere un enorme porcentaje de los fondos que el Estado orienta hacia la Salud Pública) son los generadores de la Enfermedad de Chagas (casi el 10 % de la población total de la Argentina la sufre), de la Diarrea Infantil (con la que mueren miles de niños en cada brote anual), y las Parasitosis, que enferman gravemente a una franja importante de niños; todo esto constituye algo indigno y contra lo cual tenemos la obligación de luchar cada uno de nosotros desde sus respectivas trincheras y a su manera. Todo ello parece una utopía, como lo fue la luz en una época de la historia, hasta que Thomas Ericsson “soñó con la luz” y actualmente miles de millones de lámparas iluminan nuestro globo terráqueo. Debemos soñar. Tenemos un país extenso, de más de tres millones de Km. cuadrados y solo algo más de 40 millones de habitantes. No tenemos que tener miedo en aumentar esta población pronto. Serán más bocas para alimentar, pero serán el doble de brazos para trabajar.

Hemos nacido en esta bendita tierra y debemos amarla. En ese sentido recuerdo del Canciller Alemán Conrad Adenauer, cuya esposa estaba agotada de no compartir la vida con él, abrumado por los compromisos de la función que le exigían viaje tras viaje por todo el mundo, se escribían cartas durante esos viajes y se las hacían llegar mutuamente. Cuando ella le remarcó esta dramática situación de la pareja, él le escribió: …”Yo no me casé contigo porque te amaba, me casé para amarte.”

Nosotros debemos pensar en nuestra Patria y nuestros hombres y mujeres, quienes poseemos un potencial genético u cultural óptimo que lo único que necesita es una orientación definida a su accionar y condiciones razonables de vida; tener esperanzas, proyectos, un trabajo, una vivienda digna, poder cristalizar la conformación de una familia y criar los hijos con dignidad y amor.

Cuando aquella dramática foto que mostraba un niño africano moribundo y un ave de rapiña al acecho, un periodista entrevistó al fotógrafo y le preguntó qué había hecho él en ese momento en que hizo la toma…y el fotógrafo le contestó: “espanté al ave”; el periodista le increpó que lo único que había hecho era demorar un rato la muerte, a lo que el fotógrafo respondió: “hay mucha gente que quitó esa foto de su archivo porque le angustiaba verla, en cambio yo creo haber colaborado a que el mundo conozca esas atrocidades y se inquiete para que ello no siga pasando”.
No borremos esa foto de nuestra computadora sino levantemos el guante de este reto. Tenemos un país inmensamente rico, capaz de generar alimentos para más de 500 millones de habitantes. Pensemos en la expansión y no en el retroceso. Potenciemos la Familia, única institución que nos ha demostrado, a través de todos los tiempos, que las niñas toman el ejemplo de sus mamás y los niños el de sus papás, pues, como dijera Albert Schwaitzer: “para educar, el ejemplo no es lo mejor…sino lo único”.

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