Oscar A. Mele
oamele@intramed.net
El aumento de las enfermedades crónicas en los adultos mayores y el estudio del descenso en la competitividad originó, alrededor de los años 80, en Canadá, un nuevo modelo en el uso del tiempo libre, bajo la denominación “Vivir activamente el Ocio”.
Este programa apunta a un cambio estratégico de la salud de la población. El concepto de vivir saludablemente como una forma de prevenir o retardar las enfermedades crónicas ganó difusión en el mundo entero y actualmente el Ocio ocupa un lugar preponderante en la agenda de todos los gobiernos.
El Ocio (recreo, fiesta, diversión, entretenimiento, pasatiempo, inacción, desocupación) es una disciplina que ha dado lugar a debates casi infinitos entre los especialistas. La tecnología avanzada y la competitividad laboral actual dan al hombre una sensación de hacer las cosas por obligación o por necesidad y cuando sobra tiempo lo emplea en una distracción superficial, en una actividad fácil y sin continuidad.
Para algunos, el trabajo es tan intenso, le ocupa tantas horas, que el tiempo restante lo dedica al descanso, y los médicos somos en general un ejemplo de este modelo en toda nuestra vida. El gran problema es con aquellos que les sobra el tiempo, no saben qué hacer con él, se sienten perdidos. En la mira de esta cuestión siempre se apunta a los jubilados y a los adultos mayores.
El entretenimiento es sinónimo de libertad y armonía. El hombre “libre” dispone de un tiempo en el que hace y podría no hacer. El Ocio depende de la personalidad de quien lo disfruta. El Ocio propiamente dicho es aquello que no se considera necesario ni para la supervivencia de la especie ni para la producción económica.
“Hacer nada” es una elección que no debemos criticar bajo el lema “los adultos mayores tienen que ser útiles”. ¿Útiles a quién? El hombre es un fin en sí mismo y la felicidad es un deseo al que tiene pleno derecho y que no necesita justificar.
La elección del tiempo libre como sinónimo de Ocio implica diversificación y esto refleja la originalidad del ser humano. Si los adultos mayores están satisfechos con el descanso y aún les queda tiempo libre, el Ocio se hace activo y el potencial humano se canaliza en cinco diferentes dimensiones:
Lúdica: el juego no es libre, libres son las personas, empiezan y terminan cuando quieren. El juego exige reglas, crea orden, surge la intensión de ganar, ser el mejor, superarse a sí mismo, sin hacer trampas, lo que le confiere una dimensión ética.
Festiva: la fiesta revela la “identidad de culturas y sociedades”. Frente a grandes eventos, las experiencias grupales y colectivas permiten aflorar las vivencias individuales. En esta dimensión vale la pena destacar que cuando mayor es la fusión entre la organización y la participación, mayor será el éxito del encuentro festivo.
Ecológico-Ambiental: su expresión más significativa, el turismo, no como condición única de distracción, sino como una alternativa respetuosa para con la naturaleza, basada en el desarrollo sostenible. El hombre en su constante intento de superación por conquistar y conocer al mundo que lo rodea, comprende otras culturas que producirán cambios significativos en su propia vida.
Creatividad: dimensión que guarda estrecha relación con el capital cultural de las personas, las artes en general, la literatura, la música, la fotografía, las artesanías, etc. Contribuye al desarrollo pleno de las potencialidades de cada persona. La creatividad es un acto original que lo identifica como tal, único e irrepetible. Cada uno tiene su propio tiempo, sus preferencias, proyectos e intereses y posibilidades. Cada persona es un creador y vivir es un producto de la educación, el autodescubrimiento y la autorrealización. No es la actividad la que define el ocio creativo, sino lo que moviliza a cada persona. Cada uno debe “hacerse cargo” de su tiempo, de sus necesidades más profundas y de la estrategia para abordarlas, ya que es integrador, pues guarda relaciones sutiles con el trabajo, la familia, la comunidad y es un elemento central de la cultura.
Solidaridad: incluye un compromiso altruista. La satisfacción de ayudar a otro desinteresadamente aporta madurez, responsabilidad y compromiso. La humanización del tiempo libre se presenta como una necesidad vital y los adultos mayores pueden, con su ejemplo, tener cierta influencia positiva sobre la distracción de los jóvenes, ya que éstos no han madurado aún lo suficiente como para analizar con espíritu crítico algunas formas desordenadas de divertirse. La excelente predisposición de los mayores crea un abanico de alternativas que enriquece a toda la sociedad.
Es imprescindible mejorar la accesibilidad en todas las actividades del ocio; tenemos una deuda moral con las personas discapacitadas. Si logramos eliminar las barreras, por ejemplo, la oportunidad de participar de ellos aumentará su autoestima y ello constituye un aporte invalorable para la comunidad. Esta dimensión es una responsabilidad compartida que concierne a lo político-social, al Estado, a las ONG y a todos los ciudadanos.
El ocio moderno promueve nuevos campos de estudio, nuevas propuestas, diferentes líneas de investigación. La participación activa de los adultos mayores a través de las cinco dimensiones del ocio ofrece a las nuevas generaciones, valores que los ayuden a forjar un mundo más justo, más solidario, más libre, más digno y armonioso y con prosperidad para todos.
