El general San Martín es habitualmente recordado por su gloriosa gesta militar.
Pero San Martín no fue solo un soldado, fue una misión. Así construyó una figura con superior integridad moral, reflejada en sus actos, ideas y propósitos, especialmente cuando se necesitan decisiones duras en aras de un ideal supremo.
En este comentario mencionamos algunos hechos que marcan ese ideario de San Martín, muchas veces sacrificando los medios a los fines, pero dando lugar a la autoridad política que permite llamarlo Padre de la Patria. A esos efectos podemos citar algunas de sus decisiones. En 1811 en plena lucha de España contra la invasión Napoleónica, con una impecable foja de servicios y un porvenir exitoso solicita su retiro sabiendo su negativo significado militar, para ingresar en una lucha indecisa en su tierra natal, en un país que casi no conocía y con gobernantes que recelaban de él.
Otra situación que habla por sí sola, pero él jamás comentó: En el ejército que cruza los Andes el jefe de su estado mayor fue Estanislao Soler, otro insigne patriota cuya acción en la batalla de Chacabuco fue decisiva para el triunfo tras graves desaciertos del General O´Higgins. Tras el combate Soler le reprocha severamente sus errores a O´Higgins y quedan enfrentados. Pero la necesidad estratégica de la alianza con Chile determina que San Martín desplace a Soler y este regrese a Buenos Aires.
Después de asegurar en Maipú la independencia de Chile vuelve en tres oportunidades a Mendoza e incluso Buenos Aires en pos de apoyo. Pero allí convivió con frustraciones y amarguras. Pero otra vez su acierto político: ante la caída del gobierno central del Directorio, independiza al ejército de los Andes con el Acta de Rancagua; se niega a participar en la guerra civil pero fija su posición ante los soberbios caudillos (sólo preocupados por su autonomía) en la proclama de Julio de 1820: “(…) El genio del mal os ha inspirado al delirio de la federación en un país pobre lleno de celos y antipatías locales (…)” y allí habla de la necesidad de luchar juntos por el interés del país.
Ya en Perú vuelve a mostrar su equilibrio militar, social y político. Conociendo al desembarcar el triunfo de la revolución liberal de Rafael De Riego en España con la vigencia nuevamente de la Constitución Liberal, busca llegar a un acuerdo con la principal figura realista en el Perú, el Capitán General y luego Virrey José de La Serna que apoya esas ideas. El pacto de Punchauca, permitió evitar una batalla campal básicamente entre americanos de ambos bandos, el retiro de realistas a las sierras y la entrada de San Martín sin luchar en Lima. Seguramente este pacto continuó en forma oculta con tratativas que culminaron con la concertada y digna capitulación para el retiro español en Ayacucho.
Esa grandeza austera genera la tremenda incertidumbre de lo tratado con Bolívar en Guayaquil. De acuerdo a lo que sugieren las cartas que intercambió con el General Guido o el General Miller fue una decisión dolorosa, (un colapso de sus ilusiones) para no faltar a lo que San Martín llamó sagrados compromisos contraídos.
Quizás parte de la difícil respuesta es otro acto de genial trascendencia de respeto por la soberanía nacional al legar su sable al Brigadier Juan Manuel de Rosas como reconocimiento a la defensa de la Soberanía Argentina ante Inglaterra y Francia. El luchó por América, pero allí mostró toda su argentinidad.
Estas son algunas facetas de un ejemplo de honesta identidad nacional que seguimos necesitando, aunque de sus 72 años, más allá de su infancia, sólo seis vivió en el país.
Dr. Ricardo Sánchez.
AMEJU / CEMEJUPE LA PLATA

