NUESTROS HÉROES OLVIDADOS.
La peor ingratitud es el olvido.
Toribio de Luzuriaga y Mejía nació en Huaraz, virreinato del Perú el 15 de abril de 1.782, y murió en Pergamino (provincia de Buenos Aires) el 1 de mayo de 1.842.
Militar peruano-argentino que participó en las guerras de la independencia de Argentina y Perú.
Toribio concluyó su educación en Lima y se desempeñó en cargos administrativos en la sede del gobierno virreinal. Luego fue enviado a Santiago de Chile y Buenos Aires cumpliendo tareas similares en el Virreinato del Río de la Plata.
Inició su carrera militar como alférez en el ejército colonial, con buen desempeño en la defensa de Buenos Aires y Montevideo durante las invasiones inglesas de 1.806-1.807.
Ganado a las ideas emancipadoras, secundó la Revolución de Mayo de 1.810 y, en calidad de comandante, participó de la victoria obtenida en la batalla de Suipacha en noviembre de 1.810.
Posteriormente, junto a González Balcarce y Castelli, sobresalió y fue suyo el mérito de la victoria patriota en Yuraicaragua del 4 de diciembre de 1.811.
Luzuriaga cumplió funciones de responsabilidad en la naciente República Argentina como director de la academia de oficiales. Luego asumió como gobernador de Corrientes y más tarde fue nombrado jefe del estado mayor del ejército rioplatense.
Conoce al Gral. San Martin con quien traba una amistad entrañable; en prueba de esa amistad, el libertador apadrina a uno de sus hijos.
Tras ser incorporado al ejército del norte con el grado de coronel, el director supremo, Carlos de Alvear, lo designa como ministro de guerra, cargo que revalida su sucesor, Ignacio Álvarez Thomas.
Por su amistad, respeto y admiración al Gral. San Martín, acepta el cargo de gobernador de Cuyo, con el fin de facilitar apoyo logístico y económico al libertador durante el cruce de los Andes y la campaña emancipadora en Chile.
Luzuriaga no olvida su origen peruano, por lo que renuncia a la gobernación de Cuyo, y a instancias de San Martín, se incorpora al ejército libertador para marchar hacia el Perú.
Por su arrojo y valentía en la batalla fue nombrado Gran Mariscal del Perú, siendo el primero en recibir tal distinción.
Después de Guayaquil y el consiguiente alejamiento de San Martin del ejército libertador, su no entendimiento con Bolívar lo obliga a renunciar al ejército.
Se retira de la vida militar, vuelve a Argentina y se establece en Pergamino como ganadero. Compra tierras confiando que los frutos que éstas le reportarían fuesen suficientes para cumplir con los compromisos económicos contraídos en dicha operación.
La guerra civil de 1.829-1.830 empobreció el campo. Esto sumado a tremendas sequías que azotaron la provincia de Buenos Aires en aquellos años, hicieron fracasar el proyecto y colocaron al Gran Mariscal en condición mendicante.
En este contexto sufre de las ingratitudes de muchos de los políticos de turno, quienes desoyeron sus pedidos de ayuda.
Con su salud quebrantada, sin recursos para subsistir, padeciendo la más humillante miseria, en el colmo de sus penurias, se vio obligado a vender sus condecoraciones militares adquiridas en la guerra de la independencia. Tal indignidad no pudo ser soportada por nuestro héroe.
«La desgracia produce un vértigo que no disculpa, pero que explica ciertos desastres»
Vestido con su uniforme militar de Gran Mariscal, Toribio de Luzuriaga, de un tiro de pistola puso fin a su angustiosa existencia. Fue en Pergamino el 4 de mayo de 1.842 a los 60 años de edad.-
Pergamino, 11 de agosto de 2.018.-
Yamil Mascali.-
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